Por poderse claro que sí y de hecho se hace en el sexo anónimo
y en la explotación sexual pero también y paradójicamente
en los amantes y esposos. Quiero decir que con demasiada frecuencia se da por
sentado el amor en la pareja y cuando se van a la cama buscan sexo, desahogo,
rutina, superar el aburrimiento o encontrar el placer pero aunque se amen realmente,
demasiadas veces no se acuestan con el amor. Podrán entonces encontrar
gozo pero no la verdadera plenitud de la fusión amorosa y erótica.
Hace bastantes años que hemos dejado atrás el concepto del hombre
sabio que sabe un poco de todo y tiene una perspectiva global de la vida para
pasar al del especialista que sabe muchísimo de apenas nada.
Lo mismo pasa con el sexo. Es evidente que nunca ha habido tanta información,
manuales y técnicas a disposición de todo el mundo, también
que posiblemente nunca haya habido tanto interés por el sexo y por el
placer sin que esto signifique que en general gocemos más. ¿Por
qué?. Es evidente que hay muchos motivos. Uno de ellos es precisamente
esa ansiedad por el placer y también la preocupación por no dar
la talla. Otros son el estrés, las preocupaciones y en general el abandono
del instinto por el peso de una cultura y modo de vida cada vez más mentales
pero hay otro motivo más y también fundamental: el concepto consumista
del placer –y de todo claro está- de la sociedad actual.
La sexualidad, como todo lo que tiene que ver con la vida y lo humano es algo global. Lo que nos ha enseñado la ecología es que no podemos aislar una parte de su relación con el todo y tampoco podemos aislar el sexo y la búsqueda de la plenitud con nuestra vida en su conjunto.
La plenitud sexual no está en los genitales ni en las técnicas sexuales sino en esa convergencia de cuerpo, alma y espíritu. Es más, nuestra fuerza sexual ni siquiera radica en los genitales sino en la mente. La mente es nuestro principal órgano sexual y ahí nacen tanto el deseo como los bloqueos y las causas de la mayoría de las impotencias o frigidez.
Y cuando nace el deseo es como un río cálido que baja desde la
mente por todo el cuerpo empapándolo por completo, al menos así
debería de ser. En su fluir natural, pasa el deseo por el pecho y llena
nuestro corazón enriqueciéndose con los néctares y elixires
del amor que habitan en ese chakra. Aquí está la fuente de la
verdadera delicia, cuando deseo y amor confluyen en el corazón y siguen
bajando para llenar todo el cuerpo. Entonces es cuando estamos preparados para
el verdadero éxtasis del encuentro amoroso.
Ciertamente que se puede separar el sexo del amor y hasta obtener el efímero
placer de poder tocar otro cuerpo en un simulacro de fusión pero no se
puede separar la plenitud del amor porque lo que realmente llena es poder tocar
el alma amada.
La sexualidad tántrica es una sexualidad global donde convergen todas
las dimensiones de nuestro ser: cuerpo, alma y espíritu, donde amor y
deseo se fusionan, donde junto al placer de recibir se une el de dar y donde
en ese clima de confianza, afecto e intimidad, uno puede abandonarse y experimentar
el placer de la entrega, de perderse en el infinito, en el amado.
Esto es lo principal en el camino de la plenitud. Cierto que las técnicas
ayudan pero también pueden distraer y hacernos pensar que la magia está
en la varita y no que es un don del mago.
Por lo tanto, buscando la plenitud erótica y sexual debemos pasar por
nuestro corazón invocando esa luz gozosa que lo ilumina todo. Esto será
relativamente fácil para los que se aman y solo deben recordar ese sentimiento
que los une y que reforzará su deseo y su mutuo gozo cuando vayan a la
cama.
Pero esta invocación del amor puede hacerse también entre amantes
que se acaban de conocer si quieren realmente gozar más e incluso debe
hacerse en el sexo que se practica en soledad, lo que realmente convierte la
masturbación en un acto lúcido de plenitud y no en un rutinario
desahogo.
Esto es lo más importante de comprender: el don del amor es algo que
nosotros tenemos dentro, es una fuerza que vive en nuestro corazón. No
nos lo da nadie aunque sí pueden despertarlo. De la misma forma nosotros
también podemos despertarlo, invocarlo para que nos acompañe en
nuestra vida y por supuesto en el sexo. ¿Cómo?.
Tomándose la vida y la sexualidad, tu vida y tu cuerpo como una celebración,
como algo sagrado. Puede ser muy fácil y realmente lo es pero también
muy difícil si estamos doblados por el peso de malos recuerdos, de heridas
y desconfianzas.
Por eso siempre insisto en lo mismo, por eso siempre en todos los cursos se
trabaja en esta cuestión fundamental: hay que limpiarse, hay que curarse,
hay que dejar atrás las heridas, los miedos, los bloqueos para poder
disfrutar de la vida, de ti mismo, del amor y por supuesto del sexo.
Cuando estamos limpios es como respirar un aire puro y perfumado en una mañana
soledad, es algo que te penetra profundamente, que te aligera, que te da vida
y alegría. Si conseguimos esto pocas cosas nos hacen falta para alcanzar
la plenitud sexual y erótica, tan solo dejarse llevar por ese río
de alegría que nace en tu interior y...
Por supuesto no tener prisa, no tener una meta, no buscar ni el orgasmo ni la
retención, no buscar nada, no limitarse con nada. El gozo está
en el camino no en la arribada, el gozo está en el simple encuentro,
en esa intimidad, en esa confianza, en esa celebración de la vida, en
ese abandonarse mutuamente para perderse en algo más grande y más
infinito, porque en el abrazo de los amantes caben todos los soles, todas las
galaxias y los planetas.
Con mis mejores deseos de Paz Fuerza y Gozo
Francisco Torres Perales