El Veneno de la Serpiente II
Mientras se aproximaba y viendo el cariño, el afecto y el respeto con que todos trataban al santón, Noab se sintió inmensamente sola y se dio cuenta de que aunque era rica, poderosa y temida, desde su llegada a la ciudad no había hecho ni un amigo, ni nadie la trataba con el cariño y la devoción que mostraban a ese hombre.
El santón comenzó a predicar su mensaje de amor universal. Convocaba a todos los corazones para amar a los demás como así mismos porque todos somos parte de la misma Totalidad.
Sus palabras eran tan sabias y tan hermosas que conmocionaron a la serpiente. Entonces se dio cuenta de todo lo que le gustaría ser querida de esa manera y sintió pena y lástima por ella misma, pues provocaba miedo y espanto en los demás en vez de cariño y amor.
Cuando el sabio terminó su sermón siguió su camino siendo despedido por todos con grandes muestras de afecto. La serpiente lo siguió discretamente sin que él se enterara y, cuando a estaba en las afueras, surgió de repente frente a él saliendo de unos cañaverales, abrió sus enormes fauces y el pobre santón se encomendó a los cielos creyendo que iba a morir, pero la serpiente dejó caer en el suelo unas cuantas monedas de oro que salieron del interior de su boca.
- ¡Dime tu secreto noble sabio y te daré a cambio estas monedas!. Eres viejo y tu cuerpo débil te hace indefenso. Eres pobre y vistes como un miserable. ¿Dime qué haces para que todo el mundo te quiera? –le preguntó la serpiente.
El santón cogió las monedas, las puso en la bolsa donde guardaba las limosnas y con su permanente sonrisa le contestó a Noab.
- Me aman porque soy el más egoísta de todos –le respondió secamente. - Te quieren por ser egoísta? –exclamó incrédula la serpiente.
- Sí, mi mayor placer, lo que me da más alegría es hacer felices a los demás, poder ayudarlos y dar buenos consejos. Disfruto tanto haciendo el bien que soy en realidad un gran egoísta. Por eso me quieren todos.
La serpiente se quedó un rato pensando en las palabras del viejo. Al principio no entendía sus razones hasta que un brillo desconocido surgió en lo profundo de sus ojos.
- Ahora entiendo tu secreto y las palabras que dijiste en el mercado. Amas a los demás y haces el bien porque eso te produce placer.
- Sí, no sabes lo contento que me pone provocar la alegría en los demás –respondió el santón.
- Nunca he oído un discurso tan bello como el tuyo y realmente me ha hecho consciente de lo equivocada que estaba. Nunca he amado a nadie antes y viendo todo el cariño que a ti te da la gente he comprendido lo terrible de mi soledad. Ahora comprendo que amar a los demás es lo mejor que se puede hacer porque eso da muchas satisfacciones.
Tras la charla el santón continuó su camino y la serpiente regresó a la ciudad dispuesta a amar a todo el mundo.
Pasó un tiempo y el santón volvió a Jabalpur. Cuando estaba llegando a la entrada escuchó unos graves lamentos. Alguien estaba quejándose dolorosamente con una voz tan apagada y lamentable que parecía estar muriéndose. El santón miró por todas partes pero no pudo ver a nadie, hasta que un poco más adelante y tirada en un basurero descubrió a la serpiente.
- ¡Ay, ay, ay!. ¡Qué dolor más grande! –se quejaba la pobre.
- ¿Qué te ocurre? –le preguntó el santón acercándose a ella.
La agonizante serpiente tenía todo el cuerpo llego de golpes y terribles heridas, estaba medio muerta sobre el suelo y no podía ni levantarse, pero cuando vio al santón el brillo volvió de nuevo a sus ojos y también una ráfaga de vida brotó en ella en forma de furia.
- Estafador. Embustero. Me has engañado. Devuélveme mi dinero –grito la serpiente en medio de sus grandes dolores.
- ¿Pero qué te ha ocurrido? –le preguntó el santón.
- Estoy medio muerta por seguir tus enseñanzas. Cuando te fuiste volví a la ciudad deseando amar a todo el mundo. Iba por las calles proclamando a todos mi amor y diciendo que ya no picaría a nadie más. ¿Sabes lo que ocurrió?. Que comenzaron a reírse de mí y a perderme el respeto. Yo creí que iban a corresponder con amor a mi amor, pero me tiraban piedras y me insultaban. Un día fueron a buscarme a mi casa con palos y cuchillos. Yo quise permanecer en mi amor y ellos me dieron una paliza terrible hasta creerme muerta, después me robaron y me han arrojado a este basurero para que los perros den cuenta de mi cuerpo. ¡Pobre de mí!. ¡Yo quise amar a todo el mundo y mira mi estado!. Antes era poderosa y temida por todos y por seguir tus enseñanzas de amor universal, hasta las ratas de ríen de mí!. ¡Estafador!. ¡Devuélveme mi dinero para que pueda pagarme un buen médico que cure mis heridas! –dijo la serpiente en un último y doloroso esfuerzo.
El santón buscó en su bolsa las monedas de oro que antes le había dado la serpiente y se las entregó para que pudiese ir al médico, después, con su permanente sonrisa le dijo...
ENIGMA.
¿QUÉ RESPONDIÓ EL SABIO A LA SERPIENTE ANTE SUS AMARGAS QUEJAS?:
¿QUÉ LE RESPONDERÍAS TÚ?.
Escoge entre las siguientes respuestas posibles . Todas son verdaderas pero hay una que es la más necesaria.
1.- No hay justicia sin amor. El dolor que has recibido en el cielo te será recompensado
2.- No hay amor sin justicia. El dolor que has recibido es por el que antes has causado.
3.- El amor del que te hablé no es de este mundo
4.- Yo no te dije que no silbaras